Antes de que existiera el vídeo, la única forma de guardar una función era dibujarla, pintarla o esculpirla. Por eso la historia del ballet se puede seguir también en los museos. Hay cuadros que enseñan cómo se vestía una bailarina hace trescientos años, litografías que juntan en un escenario a las grandes estrellas y diseños de vestuario hechos por pintores que cambiaron el arte.
Estas son siete obras para entender cómo ha cambiado el ballet y cómo lo han mirado los artistas. Las que son de dominio público las ves aquí mismo. En las que aún tienen derechos de autor, como las de Picasso, Matisse y Botero, te dejo el enlace al museo o a la ficha para que las veas allí.
La Camargo bailando, de Nicolas Lancret (hacia 1730)

Marie-Anne de Cupis, conocida como La Camargo, nació en Bruselas en 1710 y debutó en la Ópera de París en 1726. Se la recuerda por acortar la falda para que el público le viera los pies, algo que hizo posible los pasos rápidos y los saltos. Lancret la pintó en un jardín, en plena danza, con un aire ligero y alegre. Esta versión está en la National Gallery of Art de Washington.
Pas de Quatre, de Alfred Edward Chalon (1845)
Reunir a cuatro de las mejores bailarinas románticas en un mismo escenario fue una hazaña de producción. Taglioni, Grisi, Grahn y Cerrito bailaron juntas el Pas de Quatre, con coreografía de Jules Perrot y música de Cesare Pugni, en el Her Majesty’s Theatre de Londres. Chalon dibujó a las cuatro en una pose famosa y la imagen se difundió en litografía. Puedes verla en la colección del Victoria and Albert Museum. Es el retrato más conocido del ballet romántico y de su tutú largo, el mismo que viste a las wilis de Giselle.
La bailarina, de Pierre-Auguste Renoir (1874)

Renoir pintó a una joven de pie, en quinta posición, con un tutú de capas ligeras que parece disolverse en el fondo verde. La pincelada es suave y borrosa, y la falda casi vuela. El cuadro se presentó en la primera exposición impresionista, en 1874. Según el museo, la modelo fue casi seguro Henriette Henriot, aunque Renoir nunca lo dijo. Hoy está en la National Gallery of Art.
La clase de danza, de Edgar Degas (hacia 1879)

Degas pintó cientos de bailarinas, pero casi nunca sobre el escenario. Le interesaba lo que pasa detrás: el ensayo, la espera, el cansancio. En esta obra, de óleo sobre lienzo, nos asomamos a una clase de danza, con las alumnas en sus gestos de cada día y sin poses de postal. Se conserva en la National Gallery of Art.
El telón de Parade, de Pablo Picasso (1917)
Parade se estrenó el 18 de mayo de 1917 en el Teatro del Châtelet de París, con los Ballets Rusos de Diághilev. Tenía argumento de Jean Cocteau, música de Erik Satie y coreografía de Léonide Massine. Picasso hizo el vestuario y un telón enorme, de 10,5 por 16,4 metros, que hoy cuelga en el Centro Pompidou. Aquí el ballet deja de ser romántico y se vuelve moderno: ya no se trata de parecer ligera, sino de mirar de otra manera.
Diseño de vestuario para Rouge et Noir, de Henri Matisse (1939)
Matisse no solo pintó: también vistió ballets. Para Rouge et Noir, con música de la Sinfonía n.º 1 de Shostakóvich y coreografía de Léonide Massine, dibujó los trajes en acuarela, tinta y grafito. El ballet se estrenó en 1939 en Mónaco con el Ballet Russe de Monte Carlo de Denham. Este diseño para el personaje Azul se conserva en el McNay Art Museum. Ya había trabajado para los Ballets Rusos en 1920, con el vestuario de El canto del ruiseñor.
Ballerina, de Fernando Botero (2005)
Botero también dio volumen a la bailarina. Su Ballerina es una escultura de bronce de 2005, de 44 por 53 por 21 centímetros, con una edición de seis ejemplares y dos pruebas de artista. Es la misma figura redondeada que reconoces en todo su trabajo, aplicada a una pose de danza. Tienes la ficha de la obra en Arte Informado.
Qué cuentan estas obras juntas
Puestas en fila, las siete obras dibujan el recorrido del ballet: de la corte y los jardines del siglo XVIII al escenario romántico, de ahí al ensayo y a la vanguardia, y por último a la escultura actual. Los artistas no solo retrataron a las bailarinas. Cambiaron la forma en la que las vemos.
Si quieres seguir con el repertorio, lee por qué son cisnes los de El lago de los cisnes o cómo elegir una escuela de danza clásica.
