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Las wilis de Giselle: quiénes son

Novias que murieron antes de la boda y que bailan de noche hasta matar a los hombres que se cruzan. Quiénes son las wilis de Giselle, de dónde sale su leyenda y cómo visten.

Las wilis de Giselle saliendo en fila del bosque de noche, con velo y tutú romántico blanco

Se levanta el telón del segundo acto de Giselle y no hay palacio ni fiesta. Hay un claro en el bosque, de noche, con una tumba recién hecha. Al rato empiezan a salir de entre los árboles unas figuras blancas con velo, en fila, sin hacer ruido. Son las wilis. Y si eres hombre y te las encuentras en el camino, mal asunto.

Mucha gente las confunde con los cisnes de El lago de los cisnes porque las dos escenas son blancas, a la luz de la luna y con muchas bailarinas en fila. Pero no se parecen en nada más: las wilis no son animales hechizados, son muertas. Y no quieren que nadie las salve.

Quiénes son las wilis

Son los espíritus de muchachas que murieron antes de su boda. No llegaron a bailar en su propio banquete y por eso, según la leyenda, no descansan en la tumba. A medianoche salen vestidas de novia, con coronas de flores y anillos, y bailan hasta el amanecer. Si un hombre se cruza con ellas, lo obligan a bailar sin parar hasta que cae muerto.

En el ballet hay un matiz más: muchas de ellas fueron abandonadas por su prometido, algunas el mismo día de la boda. De ahí les viene la rabia contra los hombres. Las manda Myrtha, su reina, que es la que dicta las condenas y no perdona a nadie.

Myrtha, reina de las wilis, con tutú romántico largo, velo y corona de flores, señalando con el brazo en un bosque de noche

De dónde sale la leyenda

El poeta alemán Heinrich Heine las describió en su libro De l’Allemagne. Contaba que era una tradición de algunas zonas de Austria, de origen eslavo. El escritor francés Théophile Gautier lo leyó y pensó enseguida que de ahí podía salir un ballet precioso. Lo escribió junto al libretista Jules-Henri Vernoy de Saint-Georges, que sabía más de construir tramas para el teatro.

Giselle se estrenó en París el 28 de junio de 1841, en la Salle Le Peletier, con música de Adolphe Adam y coreografía de Jean Coralli y Jules Perrot. Giselle la bailó Carlotta Grisi, y era su presentación ante el público de París. Perrot, por cierto, le montó a Grisi sus bailes, pero su nombre no apareció en el programa.

Qué pasa en el segundo acto

Giselle ha muerto al final del primer acto, al descubrir que Albrecht, el chico del que se había enamorado, era un noble prometido con otra. Esa noche la reciben las wilis como una más.

Primero llega al bosque Hilarión, el guardabosques que también la quería. Las wilis le hacen bailar hasta dejarlo casi muerto y después lo empujan al lago. Luego aparece Albrecht, arrepentido, a llevarle flores a la tumba. Myrtha lo condena a lo mismo: bailar hasta el amanecer. Giselle se pone delante de él y lo sostiene toda la noche. Cuando amanece, las wilis tienen que volver a sus tumbas y Albrecht se salva. Giselle también vuelve a la suya, ya libre de ellas.

Amanecer al final de Giselle: Giselle vuelve a su tumba con tutú largo y velo, Albrecht arrodillado y las wilis desapareciendo entre los árboles

Cómo visten y cómo se mueven

La ropa de las wilis es lo que más las separa de los cisnes. Llevan el tutú romántico: un cuerpo ajustado y una falda blanca larga, en forma de campana, que llega a media pierna. Es el traje que fijó Marie Taglioni en La Sílfide en 1832, hecho de muselina, gasa y tul. Se mueve como una nube y deja ver poco las piernas, porque la idea no era lucir técnica sino parecer que no pesas nada.

En muchas producciones entran con velo y llevan unas alas pequeñas a la espalda. Los colores son siempre fríos y pálidos: blanco, gris, algo de azul de luna. Nada brilla.

El cuerpo de baile se mueve en filas y diagonales, con dibujos geométricos y todas a la vez. A este tipo de escena, con decenas de bailarinas de blanco, se le llama «acto blanco» o ballet blanc. Giselle no fue la primera: antes estaban las monjas fantasma de la ópera Robert le diable, en 1831, y las sílfides de La Sílfide. Pero el segundo acto de Giselle es seguramente el acto blanco más famoso del ballet romántico.

Un poco de historia después del estreno

Giselle viajó rápido. En diciembre de 1842 ya se bailaba en San Petersburgo y en enero de 1843 en La Scala de Milán. En París, en cambio, acabó cayendo del cartel. Quien la mantuvo viva fue Rusia: Perrot la montó allí en 1851 y Marius Petipa le hizo muchos cambios en los años ochenta del siglo XIX. Casi todo lo que vemos hoy viene de esa tradición rusa.

Volvió a Occidente en 1911 con los Ballets Rusos de Diághilev, en Londres, con Tamara Karsavina y Nijinsky. Y en 1924 la Ópera de París la recuperó con Olga Spessivtseva. Desde entonces no ha salido del repertorio, y hay versiones de todo tipo, como la Creole Giselle del Dance Theatre of Harlem (1984), que lleva la historia a la Luisiana de 1840.

Si te interesa el otro gran acto blanco, mira el argumento de El lago de los cisnes o el de El Cascanueces, los dos contados en cómic.