Casi todo el mundo elige escuela de danza por cercanía. Es lógico: si la clase está a cuarenta minutos, al tercer mes de lluvia se deja. Pero la cercanía no debería ser lo único, y menos en clásico, donde los vicios que se cogen al principio cuestan años quitarlos.
Esto es lo que mirarías si fueras a pagar la primera matrícula mañana. Sirve igual si buscas escuela para una niña de cuatro años que si vuelves al ballet de adulta.
Pide ver una clase entera
No los cinco minutos del final, cuando ya están haciendo reverencias. Una clase entera, con su barra. Ahí se ve casi todo: si el profesor corrige con nombre y apellido o habla en general al grupo, si se repiten los ejercicios hasta que salen o se pasa al siguiente por cumplir el horario, si los alumnos saben lo que viene después sin que nadie lo diga.
Una escuela que no te deja ver una clase tiene sus motivos. A veces son razonables (hay grupos de niños pequeños que se distraen con público). A veces no. Si no pueden enseñarte la clase, pide al menos una clase de prueba.

Quién da la clase
Pregunta qué formación tiene el profesorado y cuántos años lleva dando clase a tu edad o a la de tu hijo. Bailar bien y enseñar bien son dos oficios distintos. Un profesor que sabe explicar por qué se hace un ejercicio, y no solo cómo, vale más que uno con mucho currículum y poca paciencia.
Fíjate también en cómo trata a los alumnos que van más lentos. Eso dice más de una escuela que cualquier cartel de la entrada.
El suelo
Parece un detalle y no lo es. Saltar sobre baldosa o sobre parqué pegado al hormigón castiga rodillas y tobillos. Pregunta si el suelo es flotante o tiene tapiz de danza. Si no lo saben, ya tienes una respuesta.
Cuándo se sube a puntas
Esta es la pregunta que más dice de una escuela. Si te prometen puntas pronto como gancho, desconfía. Lo sensato es que dependa de cada alumna: de su fuerza, de su técnica y de cómo tenga el pie, y que lo valore alguien con criterio, no el calendario. Una buena respuesta suele empezar por «depende».
Cuántos alumnos hay por grupo
Con muchos alumnos en sala, el profesor no puede corregir a todos en cada ejercicio, por bueno que sea. No hay un número mágico, pero si en la clase que ves hay gente a la que nadie mira en una hora, ese podría ser tu caso. Mira también si los grupos se hacen por edad y por nivel, o si se mezcla todo.
Escuela privada o enseñanzas oficiales
Hay escuelas privadas, que son la mayoría, y hay enseñanzas oficiales de danza en conservatorios y centros autorizados, que suelen pedir una prueba de acceso y un ritmo de clases más exigente. No es que una opción sea mejor que la otra. Depende de si quieres bailar por gusto o te planteas una carrera profesional, y de cuánto tiempo puede dedicarle la familia. Si dudas, pregunta en la escuela por las dos vías: una buena escuela te dirá con sinceridad si lo que buscas lo ofrece ella.
Qué cuesta además de la mensualidad
Antes de decidir, pregunta por todo lo demás: matrícula, uniforme, zapatillas, festival de fin de curso, entradas, trajes de actuación y seguro. Hay escuelas con una mensualidad baja que se compensa con muchos extras, y al revés. Pide la lista por escrito y suma el año completo.
Lo que no se ve en una visita
Luego está lo que no se ve en una visita: el ambiente entre compañeras, cómo se lleva la escuela con las familias, si hay presión por presentarse a concursos. Eso solo lo cuenta alguien que ya esté dentro. Si conoces a alguien, pregúntale. Te ahorrará más disgustos que cualquier lista.
Una vez elegida la escuela, puedes ir entendiendo lo que ves en el escenario con el argumento de El lago de los cisnes o El Cascanueces. Y si quieres saber cómo debería ser una buena clase, en la página de libros de danza tienes lecturas sobre metodología y pedagogía.