A finales de octubre las alumnas llegan a clase con la cabeza en otra parte: el disfraz, la fiesta del cole, los caramelos. Se puede luchar contra eso o se puede aprovechar. El ballet tiene más fantasmas, brujas y criaturas de la noche de lo que parece, y Halloween es una buena excusa para sacarlos al estudio.
Estas son algunas ideas que funcionan, tanto para grupos pequeños como para alumnado de grado elemental o profesional.
Disfrazarse de personajes del repertorio
En vez del disfraz de tienda, propón que cada alumna venga de un personaje de ballet. Hay donde elegir: una wili de Giselle con velo blanco, una sílfide con alas pequeñas, Odile de negro, el hada Carabosse de La bella durmiente o una bruja de cuento con su tutú. Lo bonito es que, antes de la clase, cada una cuente quién es su personaje y de qué ballet sale. En cinco minutos han repasado medio repertorio sin darse cuenta.
Si alguien elige wili, aquí le explicamos quiénes son las wilis y por qué dan miedo.
Una clase con música que da miedo
La estructura de la clase puede ser la de siempre, barra, centro y saltos, cambiando solo la música. La Danza macabra de Saint-Saëns, Una noche en el monte pelado de Músorgski o En la gruta del rey de la montaña de Grieg tienen tempos muy claros y se pueden adaptar a pliés, tendus o pequeños saltos. Al alumnado le cambia la cara: el mismo ejercicio de siempre, de repente, cuenta una historia.
Conocer los ballets de misterio
Halloween es el momento perfecto para hablar de los ballets que tienen algo de oscuro. La Sylphide, de Bournonville, con su bruja Madge. Giselle, con las wilis que bailan en el bosque a medianoche. Y otros más recientes, como el Drácula de Ben Stevenson o el Frankenstein de Liam Scarlett. Se puede ver un fragmento de cada uno, comentar qué personaje da más miedo y por qué, y fijarse en cómo la música y el movimiento crean ese ambiente.
Crear una pequeña escena
Con lo que han visto, cada grupo puede montar una escena corta de su propio cuento de miedo: un principio, algo que pasa y un final. Se trabajan pasos que ya conocen, pero con intención: cómo camina una bruja, cómo aparece un fantasma, cómo se asusta quien lo ve. Es una forma estupenda de trabajar la interpretación, que muchas veces se queda para el final del curso.
Terminar con una clase abierta
Si hay tiempo para preparar, las escenas pueden enseñarse a las familias en una clase abierta, con los disfraces y la música elegida. No hace falta escenario: basta con el estudio, unas luces bajas y unos pósteres de los ballets en la pared. Las alumnas lo recuerdan durante meses.
Una guía para profesorado, gratis
Si quieres darle forma a todo esto, Alicia Cebrián Córdoba, autora del Sistema Berlanga, ha preparado Halloween entre ballets, una propuesta didáctica con cuatro ballets de misterio, seis sesiones para el aula y pósteres para decorar los pasillos. Tiene objetivos, contenidos y criterios de evaluación que encajan en una programación de Danza Clásica, y la guía para el profesorado se descarga gratis.
Para las alumnas existe además el cuento ilustrado Halloween entre ballets, de Mar Lorente y Alicia Cebrián, con las cuatro historias contadas para leer en casa o en clase. Lo tienes en la misma página.
